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El muro del sur: la dura apuesta de Kast que reabre fantasmas del pasado

La frontera más tensa del Pacífico sur vuelve a estar en el centro del debate político regional. El nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, ha ordenado una medida que ya provoca fuertes reacciones dentro y fuera de su país: el despliegue del Ejército en la frontera norte y la construcción de zanjas y barreras físicas para bloquear el paso irregular de migrantes provenientes de Perú y Bolivia.

La iniciativa, que comenzó a ejecutarse en sectores cercanos a Arica, contempla excavaciones profundas, cercos de seguridad, vigilancia militar permanente y el uso de drones para monitorear rutas clandestinas utilizadas por redes de tráfico de migrantes. Maquinaria pesada ya trabaja en varios puntos del desierto, donde también se han reforzado patrullajes del Ejército chileno.

Según el gobierno chileno, el objetivo es detener el flujo de inmigración irregular que durante los últimos años ha aumentado en la zona norte. Autoridades de Santiago sostienen que las zanjas impedirán el paso de vehículos y caravanas que utilizan caminos informales, obligando a que cualquier ingreso al país se realice únicamente por pasos oficiales.

Sin embargo, la decisión ha desatado una tormenta política. Analistas y opositores en Chile consideran que la estrategia evoca políticas de control fronterizo más propias de épocas autoritarias, e incluso algunos sectores la comparan con la línea dura del régimen de Augusto Pinochet.

Para críticos del gobierno, la medida simboliza “el regreso del pinochetismo más rancio”, una acusación que ya domina el debate político en el país. Otros, en cambio, la defienden como una respuesta necesaria ante la crisis migratoria y el aumento del crimen transnacional en la zona.

En el sur del Perú, la noticia también ha generado preocupación. Autoridades locales y especialistas advierten que el cierre físico de la frontera podría alterar la dinámica migratoria, empujando a los migrantes hacia rutas aún más peligrosas en el desierto.

El escenario recuerda inevitablemente a la política implementada por Estados Unidos en su frontera con México: muros, zanjas y militarización para frenar el paso irregular. Ahora, ese modelo parece replicarse en el extremo sur del continente.

Mientras las excavadoras continúan trabajando bajo el sol del desierto de Atacama, una pregunta comienza a instalarse en la región: ¿se trata de una medida de seguridad temporal o del inicio de una nueva era de fronteras endurecidas en Sudamérica?

El debate recién empieza. Y la frontera entre Chile y Perú vuelve a convertirse en un punto sensible de la geopolítica regional.

✉️ Alfredo Rosell G.

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