“Le va a gustar el Rímac: su gente, su folclore y su hinchada; en Sporting Cristal se vive en familia y en La Florida”
Por Alfredo Rosell G.
La posibilidad de ver a Gianluca Lapadula con la camiseta celeste comienza a tomar forma en el imaginario del hincha rimense. Y es que, más allá de los rumores, la voz de un referente como Roberto Palacios el recordado “Chorri”ha puesto el tema sobre la mesa: Sporting Cristal necesita un delantero de jerarquía, uno que marque diferencias.
“El nivel de Lapadula es superior. Se está evaluando su caso, pero aún no hay nada concreto. También habría que mirar opciones en Argentina o Brasil”, sostuvo Palacios, dejando en claro que el club debe apuntar alto si quiere volver a ser protagonista.
El contexto alimenta la expectativa. El descenso del Spezia Calcio a la Serie C italiana y el próximo fin de contrato del atacante en junio de 2026 abren una ventana real para su salida. A sus 36 años, Lapadula sigue siendo un delantero competitivo, con experiencia internacional y olfato goleador, cualidades que hoy necesita con urgencia el conjunto bajopontino.
Pero más allá de lo futbolístico, en el entorno celeste se habla de algo más profundo: el sentido de pertenencia. “Le va a gustar el barrio”, comentan desde la interna. Y no es para menos. El Rímac no es solo una ubicación geográfica; es identidad, tradición y pasión. La cercanía con la hinchada, el calor de los vecinos, el folclore que rodea cada partido y el sentimiento de comunidad convierten a Sporting Cristal en algo más que un equipo: una familia.
A ello se suman las condiciones de primer nivel que ofrece la Ciudad Deportiva La Florida, un espacio moderno que respalda el crecimiento deportivo y profesional del plantel. Infraestructura, historia y pertenencia: una combinación que seduce a cualquier futbolista.
Con el libro de pases acercándose a su cierre, la dirigencia celeste analiza sus cartas. La llegada de Lapadula no es sencilla, pero tampoco imposible. Mientras tanto, las palabras del “Chorri” resuenan con fuerza: si Cristal quiere competir, necesita un “9” que haga la diferencia.
El balón está en juego, también fuera de la cancha. Y en el Rímac, la ilusión ya empezó a rodar.



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