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LA RUTA DE LA MUERTE: EL CRIMEN QUE SILENCIÓ A UNA PERIODISTA

Susy Aponte, “China Polo”, fue asesinada a balazos en Caraz. La investigación policial y fiscal busca reconstruir una presunta operación que habría tenido conexiones entre Lima y Áncash. Dos personas permanecen bajo detención preliminar mientras se busca establecer quién ordenó y financió el crimen.

Por Alfredo Rosell G.
Periodista de investigación
Diario La Democracia

Hay historias que comienzan con una denuncia y terminan convertidas en tragedia.

Hay periodistas que salen todos los días con una cámara, un micrófono, una libreta o un teléfono para preguntar aquello que otros prefieren callar.

Y hay momentos en los que el periodismo deja de ser solamente una profesión para convertirse en una actividad de riesgo.

IMG_4272 LA RUTA DE LA MUERTE: EL CRIMEN QUE SILENCIÓ A UNA PERIODISTA

El asesinato de Susy Aponte Polo, conocida como “China Polo”, ha estremecido a Áncash y al país. La periodista y candidata al Gobierno Regional de Áncash fue asesinada a balazos el pasado 19 de septiembre, mientras desarrollaba actividades proselitistas en un mercado de Caraz.

Tenía una voz.

Tenía denuncias.

Tenía investigaciones pendientes.

Y, según los antecedentes que ahora forman parte de la investigación, también había advertido que temía por su vida.

Hoy, esa voz está apagada.

Pero las preguntas que dejó siguen abiertas.

CARAZ: EL ESCENARIO DE LA MUERTE

La mañana del sábado 19 de septiembre parecía ser una jornada más de campaña.

Susy Aponte había anunciado previamente su presencia en Caraz. Sus actividades eran conocidas públicamente y formaban parte de su recorrido político.

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Pero, según la reconstrucción que manejan los investigadores, quienes presuntamente la seguían también conocían sus movimientos.

Alrededor del mediodía, en medio del movimiento cotidiano de un mercado, apareció el atacante.

Los disparos rompieron la tranquilidad.

El caos se apoderó del lugar.

Personas corrieron buscando refugio. Otros intentaron auxiliar a los heridos.

Susy Aponte había sido atacada.

La periodista que durante años había utilizado sus espacios de comunicación para formular denuncias, cuestionar a autoridades y exponer asuntos de interés público, se convirtió en víctima de una violencia que ahora es investigada como un presunto crimen por encargo.

La Fiscalía investiga el caso como presunto sicariato.

Y la pregunta que recorre toda la investigación es una sola:

¿Quién mandó matar a Susy Aponte?

EL HOMBRE QUE HABRÍA DISPARADO

IMG_4276-1 LA RUTA DE LA MUERTE: EL CRIMEN QUE SILENCIÓ A UNA PERIODISTA

En medio de la confusión posterior al ataque, la seguridad de la candidata reaccionó.

El presunto atacante, identificado como Luis Iván Obispo Díaz, resultó herido y emprendió la fuga.

La persecución terminó con su captura.

Según la investigación, Obispo habría sido intervenido en Caraz después de haber recibido varios impactos de bala durante la huida.

El detenido fue trasladado posteriormente bajo custodia policial para continuar con las diligencias.

Pero su captura abrió una puerta mucho más grande.

Porque la investigación ya no solamente buscaba determinar quién había disparado.

Ahora había que saber:

¿Quién lo había enviado?

¿Quién pagó?

¿Quién coordinó sus movimientos?

¿Quién conocía la ruta de la víctima?

Y, sobre todo:

¿Quién estaba detrás de todo?

“TODO FUE DIRIGIDO DESDE LIMA”

Una de las declaraciones que ha cobrado especial importancia dentro de la investigación es la atribuida a Luis Obispo.

Según la versión difundida sobre sus interrogatorios, el detenido habría señalado que Ronald Toro Artila era quien coordinaba desde Lima sus movimientos.

La declaración atribuye a Toro una función logística: comunicación, hospedaje, alimentación, teléfonos y otros gastos relacionados con el desplazamiento.

La versión todavía debe ser contrastada y corroborada con evidencia objetiva.

Pero para los investigadores, constituye una línea que podría permitir reconstruir la estructura detrás del crimen.

Porque si la declaración encuentra respaldo en transferencias, registros telefónicos, cámaras de seguridad, hospedajes y otros elementos, podría establecerse una conexión entre quienes ejecutaron el ataque y quienes eventualmente lo planificaron.

Y ahí aparece Lima.

La capital.

El lugar desde donde, según esa versión, se habrían coordinado parte de los movimientos.

DE NUEVO CHIMBOTE A CARAZ: LA RUTA DEL CRIMEN

La historia que ahora reconstruyen los investigadores parece tener varios capítulos.

El objetivo inicial habría estado relacionado con Nuevo Chimbote.

Pero las circunstancias cambiaron.

La presencia de protección policial habría impedido que el ataque se ejecutara en ese lugar.

Entonces comenzó una nueva búsqueda.

Huaraz.

Después Caraz.

El desplazamiento de la víctima habría sido seguido por quienes presuntamente preparaban el atentado.

Y mientras Susy Aponte continuaba con su agenda, otros habrían estado observando sus movimientos.

La investigación sostiene que, posteriormente, otros tres sujetos habrían llegado a Caraz como presunto refuerzo.

La hipótesis es que uno de ellos ejecutaría el ataque y los demás garantizarían la retirada.

Pero algo salió mal.

La reacción de los agentes de seguridad alteró el plan.

Los acompañantes huyeron.

El presunto atacante quedó atrás.

Y terminó herido y detenido.

LA PIEZA QUE PODRÍA CAMBIARLO TODO

En una investigación criminal, un detenido puede ser apenas el comienzo.

La verdadera respuesta se encuentra muchas veces detrás de las primeras evidencias.

Los teléfonos.

Las llamadas.

Las transferencias.

Los hospedajes.

Las cámaras.

Los vehículos.

Las armas.

Los contactos.

Los movimientos.

Cada dato puede convertirse en una pieza del rompecabezas.

En este caso, la Policía y el Ministerio Público buscan precisamente reconstruir esa cadena.

El Poder Judicial ha dictado 15 días de detención preliminar contra Luis Obispo y Ronald Toro, mientras continúan las diligencias destinadas a esclarecer sus respectivas participaciones en el crimen.

La investigación deberá determinar qué papel cumplió cada uno y si existen otras personas involucradas.

Porque detener al presunto ejecutor no significa haber llegado al final.

Puede significar apenas haber encontrado la primera puerta.

UNA PERIODISTA QUE HABÍA DENUNCIADO AMENAZAS

La muerte de Susy Aponte adquiere una dimensión todavía más dolorosa por un antecedente: la periodista había manifestado públicamente que recibía amenazas y había solicitado garantías para su seguridad.

Ese hecho hoy vuelve a cobrar relevancia.

Porque cuando un periodista advierte que teme por su vida, la sociedad espera que las instituciones actúen.

Y cuando posteriormente ese periodista aparece muerto, las preguntas son inevitables.

¿Qué ocurrió con esas denuncias?

¿Quién conocía las amenazas?

¿Se evaluó correctamente el nivel de riesgo?

¿Quiénes podían estar interesados en silenciarla?

¿Existe una relación entre esas amenazas y el asesinato?

Son preguntas que solamente una investigación seria, independiente y sustentada en pruebas podrá responder.

EL PERIODISMO ESTÁ DE LUTO

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Hoy no solamente llora una familia.

Llora una profesión.

Llora el periodismo.

Porque cada periodista que sale a investigar sabe que detrás de una denuncia puede encontrar resistencia.

Pero nadie debería encontrar una sentencia de muerte.

La libertad de prensa no significa impunidad para nadie.

Significa poder preguntar.

Investigar.

Contrastar.

Denunciar.

Informar.

Y permitir que la sociedad conozca aquello que ocurre en su entorno.

Por eso, cuando una periodista es asesinada, la preocupación alcanza mucho más allá de su círculo familiar.

El temor puede extenderse entre reporteros, fotógrafos, camarógrafos, corresponsales y comunicadores que trabajan diariamente en las calles.

Y ese temor puede convertirse en silencio.

Ahí está uno de los mayores peligros.

Que después de una muerte venga el miedo.

Y después del miedo, el silencio.

NO SOLAMENTE MATARON A UNA MUJER: MATARON UNA VOZ

Susy Aponte tenía defectos, virtudes, posiciones políticas, aciertos y desaciertos, como cualquier persona dedicada a la vida pública.

Pero nada de eso puede justificar que una persona sea asesinada.

Las diferencias políticas se discuten.

Las denuncias se investigan.

Las acusaciones se responden.

Los cuestionamientos se enfrentan con argumentos.

La democracia no puede admitir que las balas sean utilizadas como respuesta.

Y por eso su muerte debe ser esclarecida hasta las últimas consecuencias.

No basta con saber quién disparó.

Hay que conocer quién ordenó.

Quién financió.

Quién coordinó.

Quién facilitó.

Quién ayudó.

Y si existió una estructura criminal detrás del ataque, esa estructura debe ser identificada por las autoridades y sometida a la justicia.

LAS HIPÓTESIS Y LOS NOMBRES

La investigación mantiene abiertas diferentes líneas.

Una de ellas considera un posible móvil político, tomando en cuenta las denuncias y cuestionamientos formulados por Aponte antes de su muerte.

También se analiza una posible vinculación con organizaciones criminales y otras amenazas que la periodista había denunciado.

En ese contexto han aparecido nombres de personas que fueron mencionadas públicamente por la propia Aponte en anteriores denuncias o declaraciones.

Sin embargo, corresponde hacer una precisión fundamental:

una persona mencionada en una denuncia, una declaración periodística o una hipótesis de investigación no se convierte por ello en responsable de un asesinato.

La responsabilidad penal deberá establecerse con pruebas y mediante las garantías del debido proceso.

Esa diferencia es fundamental para hacer periodismo responsable.

EL SILENCIO QUE NO PUDIERON IMPONER

Quizá quienes dispararon pensaron que con una bala podían terminar una historia.

Se equivocaron.

Porque una investigación periodística no desaparece necesariamente cuando muere quien la comenzó.

Las preguntas permanecen.

Los documentos permanecen.

Las denuncias permanecen.

Los testimonios permanecen.

Y la memoria permanece.

Susy Aponte ya no podrá encender una cámara.

Ya no podrá tomar un micrófono.

Ya no podrá anunciar una nueva investigación.

Ya no podrá decirle a sus seguidores: “mañana tendremos una nueva denuncia”.

Pero queda aquello que ningún sicario puede borrar:

la necesidad de conocer la verdad.

CARAZ NO DEBE SER OLVIDADO

Hoy Caraz carga con una escena que difícilmente podrá olvidar.

Un mercado.

Una jornada de campaña.

Una periodista.

Un ataque.

Una persecución.

Un detenido.

Y demasiadas preguntas.

El Perú observa.

El periodismo observa.

La ciudadanía observa.

Y la justicia tiene ahora la responsabilidad de avanzar sin presiones, sin prejuicios y sin dejar ningún cabo suelto.

Porque detrás de Susy Aponte hay una familia que exige respuestas.

Detrás de sus colegas hay una profesión que reclama garantías.

Y detrás de toda la sociedad existe una pregunta mucho más profunda:

¿Hasta cuándo la violencia seguirá arrebatándole al Perú sus voces?

HASTA SIEMPRE, COLEGA

Susy Aponte Polo murió haciendo aquello que había elegido hacer: comunicar.

Su historia terminó violentamente en un mercado de Caraz, pero su muerte no puede convertirse en una cifra más dentro de las estadísticas de la inseguridad.

Debe convertirse en una investigación.

En verdad.

En justicia.

Y en memoria.

Desde Diario La Democracia, expresamos nuestra solidaridad con su familia, sus colegas y todos aquellos que hoy sienten la pérdida de una mujer que decidió ejercer la comunicación y la participación pública en un país donde, cada vez con mayor frecuencia, informar también significa enfrentar riesgos.

Que su muerte no silencie al periodismo.

Que su memoria fortalezca la búsqueda de la verdad.

Y que quienes resulten responsables respondan ante la justicia.

Susy Aponte Polo, “China Polo”: presente en la memoria del periodismo peruano.

Alfredo Rosell G.
Periodista de investigación
Diario La Democracia

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