TRUJILLO: ENTRE UNA CAPTURA RELÁMPAGO Y LAS PREGUNTAS QUE AÚN NO TIENEN RESPUESTA
Por Alfredo Rosell G.
Periodista de opinión | Diario La Democracia
Hay victorias policiales que deberían generar alivio. Y hay victorias que, precisamente por la velocidad con la que ocurren, terminan generando más preguntas que respuestas.
El caso del secuestro del empresario minero Jenss Lara Tantaquilla y el asesinato de cuatro de sus acompañantes en Trujillo ha estremecido al país. La Policía Nacional anunció la liberación del empresario y la captura de cinco presuntos integrantes de la organización criminal “Los Pulpos”. Las autoridades presentaron el operativo como un golpe contundente contra el crimen organizado.
Pero la opinión pública tiene derecho a preguntar.
¿Por qué esta vez la respuesta fue prácticamente relámpago, mientras otros prófugos y cabecillas vinculados al crimen organizado permanecieron durante años fuera del alcance de la justicia?
Ahí aparece la comparación inevitable con Vladimir Cerrón Rojas , cuya persecución prolongada ha alimentado durante años el debate ciudadano sobre la eficacia real de los mecanismos de inteligencia, investigación y captura del Estado.
No se trata de cuestionar por cuestionar. Tampoco de negar el mérito de una operación policial si las evidencias terminan confirmándola. Se trata de algo elemental en democracia: una captura no equivale automáticamente a una condena.
Y precisamente por eso, cuanto más rápida es una operación, mayor debe ser la transparencia de la investigación.
LAS IMÁGENES Y EL DETALLE QUE INCOMODA
El crimen fue ejecutado mediante una modalidad especialmente grave: sujetos armados utilizaron prendas y elementos similares a los empleados por unidades policiales para interceptar al empresario. La investigación oficial ha planteado a “Los Pulpos” como una de las principales hipótesis.
Sin embargo, las imágenes difundidas y las posteriores detenciones han abierto un debate que no puede ser despachado con una sonrisa.
Periodistas preguntaron al general PNP Víctor Revoredo, director de Investigación Criminal, por las diferencias físicas y corporales que algunos observadores advierten entre los detenidos y las personas registradas en las imágenes del ataque.
La respuesta sorprendió:
“¡Que viva el Perú!”
Ante la insistencia periodística, Revoredo volvió a responder en términos similares y se retiró del lugar.
¿Es una respuesta suficiente ante un caso de esta magnitud?
Evidentemente, no.
Una investigación criminal de esta naturaleza no necesita ironías. Necesita explicaciones, evidencia, peritajes, identificación científica, reconstrucción de los hechos, análisis de cámaras, geolocalización, comunicaciones y una cadena probatoria que resista el escrutinio de fiscales, jueces, abogados, periodistas y ciudadanos.
¿CAPTURADOS O VERDADEROS AUTORES?
Aquí está el punto central.
Los cinco intervenidos son, hasta que exista una sentencia firme, presuntos responsables. No corresponde condenarlos públicamente antes de que la Fiscalía y el Poder Judicial determinen su responsabilidad.
Pero tampoco corresponde pedirle a la ciudadanía que cierre los ojos ante las dudas.
Medios de comunicación ya han recogido denuncias de familiares de algunos detenidos, quienes sostienen que existen irregularidades en las intervenciones y cuestionan la versión policial.
Eso debe investigarse.
Si las pruebas demuestran que los detenidos participaron en el crimen, la Policía habrá dado un golpe importante contra una organización criminal.
Pero si alguno de ellos resulta ser ajeno a los hechos, la situación sería gravísima: no solamente estaría en juego la libertad de una persona inocente, sino también la credibilidad de toda una institución.
LA HIPÓTESIS QUE NADIE DEBE DESCARTAR SIN INVESTIGAR
Hay otro elemento particularmente delicado.
Si los delincuentes utilizaron uniformes, procedimientos o una apariencia asociada a fuerzas policiales, resulta razonable investigar —sin convertir la sospecha en acusación— si existió participación, colaboración, información privilegiada o infiltración de algún efectivo policial o militar.
El propio general Revoredo ha señalado que no se descarta la posibilidad de participación de agentes policiales y que la institución no encubriría a ningún efectivo que resulte comprometido.
Eso es precisamente lo que debe ocurrir.
Investigar a todos.
Sin uniformes.
Sin rangos.
Sin apellidos.
Sin privilegios.
Porque si un policía estuviera involucrado, la respuesta no puede ser proteger a la institución. La verdadera forma de proteger a la Policía Nacional es separar al delincuente de la institución y entregarlo a la justicia.
EL SHOW MEDIÁTICO NO PUEDE REEMPLAZAR A LA EVIDENCIA
La ciudadanía está cansada de conferencias de prensa, fotografías de detenidos, armas exhibidas y grandes titulares que posteriormente terminan debilitándose en los tribunales.
La lucha contra el crimen no se gana frente a una cámara de televisión.
Se gana en la investigación.
Se gana con inteligencia.
Se gana con pruebas.
Se gana con fiscales que puedan sostener las acusaciones y jueces que puedan condenar cuando corresponda.
Por eso, si la Policía asegura que capturó a los responsables del cuádruple crimen y del secuestro, corresponde que presente progresivamente las evidencias que sustentan esa afirmación.
No basta con decir que son integrantes de “Los Pulpos”.
Hay que demostrar qué hizo cada uno.
Quién disparó.
Quién condujo.
Quién proporcionó los uniformes.
Quién coordinó.
Quién ordenó.
Quién secuestró.
Quién asesinó.
Y, sobre todo, cuál es la evidencia objetiva que coloca a cada detenido en la escena y dentro de la estructura criminal.
LA CIUDADANÍA MERECE RESPUESTAS, NO BURLAS
Trujillo no necesita una Policía que se sienta ofendida porque la prensa pregunta.
Necesita una Policía que comprenda que, en una democracia, las preguntas incómodas forman parte de su trabajo cotidiano.
El general Víctor Revoredo tiene una responsabilidad enorme. Su investidura exige respuestas serias, especialmente cuando existen dudas sobre la identidad de los detenidos.
Decir “¡Que viva el Perú!” puede ser una expresión patriótica válida en cualquier escenario. Pero ante preguntas concretas sobre una investigación criminal, la ciudadanía espera algo diferente:
“Aquí están las pruebas.”
Ese debería ser el mensaje.
Porque entre una captura relámpago y una condena existe un largo camino.
Y ese camino se llama evidencia.
La Policía merece reconocimiento cuando hace bien su trabajo. Pero también merece escrutinio cuando existen dudas.
No se trata de destruir la imagen de la institución.
Todo lo contrario.
Se trata de impedir que un eventual error, una precipitación o un espectáculo mediático termine dañando aún más la confianza que los ciudadanos tienen —o deberían tener— en quienes están encargados de protegerlos.
En Trujillo, cuatro personas fueron asesinadas y un empresario fue secuestrado.
Eso no es un espectáculo.
Es un crimen.
Y frente a un crimen de esta magnitud, la verdad no puede ser una cuestión de conferencias de prensa. Tiene que ser una cuestión de pruebas.
Alfredo Rosell G.
Periodista de opinión
Diario La Democracia


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