Río Rímac: ¿por qué sus aguas se ven negras mientras otros ríos urbanos recuperan su vida?
Una corriente que debería ser símbolo de Lima hoy expone residuos, aguas contaminadas y una deuda ambiental que sigue pendiente
Por Alfredo Rosell G.
Diario La Democracia
Lima, 18 de septiembre de 2026
Las imágenes son difíciles de ignorar. El río Rímac, uno de los principales símbolos naturales de Lima, aparece con sectores de agua oscura, casi negra, mientras piedras, residuos y sedimentos ocupan buena parte de su cauce. Las fotografías tomadas recientemente muestran una corriente que contrasta dramáticamente con la imagen de un río saludable que debería atravesar la capital.
Pero una precisión es necesaria: el color negro que se observa en las fotografías no permite determinar por sí solo cuál es el contaminante ni atribuirlo a una única fuente. Para establecer la causa exacta se requieren análisis de laboratorio.
Lo que sí está documentado por las autoridades es que el Rímac enfrenta múltiples fuentes de contaminación.
La Autoridad Nacional del Agua (ANA) informó en septiembre de 2025 que había identificado 424 fuentes contaminantes en la cuenca y posteriormente validó nueve nuevas fuentes, principalmente descargas de aguas residuales domésticas no tratadas.
Además, la propia ANA ha señalado la existencia de vertimientos de aguas residuales y acumulación de residuos sólidos en distintos sectores del río.
Un problema que Lima conoce desde hace años
La situación no es nueva.
En febrero de 2025, un episodio de coloración rojiza del Rímac llevó a una investigación de las autoridades. Según la ANA, aquella alteración estuvo relacionada con el vertimiento del colector Cerro Candela; por su parte, Sedapal informó que durante una inspección detectó conexiones que presuntamente descargaban sustancias de manera informal y que una de ellas registraba sustancias tóxicas por encima de los Valores Máximos Admisibles.
Y el problema volvió a hacerse visible en agosto de 2026. Un reporte de RPP documentó nuevamente agua oscura, espuma y fuertes olores en el sector del puente Trujillo, en el Cercado de Lima. En ese momento, la ANA había tomado muestras para determinar el origen de la alteración.
Es decir, las fotografías que hoy tenemos frente a nosotros no representan simplemente un problema estético. El Rímac es un sistema hídrico sometido durante décadas a presiones urbanas, residuos y descargas que requieren vigilancia, fiscalización y tratamiento.
El contraste con el río Mapocho
La comparación con Santiago de Chile resulta especialmente interesante porque el río Mapocho también atravesó durante décadas una situación de fuerte contaminación urbana.
El Ministerio del Medio Ambiente de Chile señala que durante años el Mapocho recibió grandes cantidades de aguas servidas. Sin embargo, una política sostenida de infraestructura sanitaria permitió que en 2010 se eliminaran las últimas descargas directas de aguas servidas al río. Posteriormente, la recuperación de la calidad del agua favoreció el retorno de distintas especies de fauna.
La recuperación tampoco significa que todos los problemas hayan desaparecido. En 2026, las autoridades chilenas continúan realizando jornadas de limpieza y protección de las riberas del Mapocho. El río, además, cuenta con sectores reconocidos como humedales urbanos, incorporando la conservación de sus ecosistemas a la gestión territorial.
La experiencia deja una enseñanza concreta: un río urbano no tiene por qué estar condenado a ser un canal de residuos.
Y en Europa ocurrió algo parecido
El caso del río Támesis, en Londres, demuestra que la recuperación de un río profundamente deteriorado puede tomar décadas, pero también puede producir resultados ambientales significativos.
El Támesis fue declarado biológicamente muerto en 1957. Décadas de inversiones en infraestructura y mejoras en la calidad del agua permitieron su recuperación y el establecimiento de hábitats donde actualmente viven peces, aves, focas y otras especies.
Un informe actualizado en enero de 2026 por la Zoological Society of London señala mejoras en distintos indicadores, entre ellos menores concentraciones de metales tóxicos y mejores condiciones para la vida acuática. También destaca la recuperación de especies y la creación de nuevos espacios naturales junto al río.
Pero incluso Londres reconoce que el trabajo no terminó. El plan Clean Thames 2024-2030 establece nuevas acciones para continuar mejorando la calidad del agua y proteger la biodiversidad.
El Rímac también puede recuperar su vida
La pregunta entonces no debería ser únicamente “¿por qué el Rímac está negro?”, sino también:
¿Qué estamos haciendo para que deje de estarlo?
Perú ya ha dado un primer paso institucional importante. En 2025 se declaró de interés nacional y necesidad pública la restauración de la cuenca del río Rímac, y la ANA viene articulando acciones entre distintos niveles de gobierno para recuperar la calidad del agua y proteger a las poblaciones que dependen de ella.
La experiencia internacional demuestra que recuperar un río requiere mucho más que limpiar periódicamente sus orillas.
Se necesita:
- Tratamiento efectivo de las aguas residuales.
- Control permanente de los vertimientos industriales y domésticos.
- Fiscalización y sanciones frente a conexiones clandestinas.
- Monitoreo público de la calidad del agua.
- Recuperación de las riberas y áreas naturales.
- Protección de peces, aves y demás especies.
- Participación activa de los vecinos y organizaciones ambientales.
- Planes de restauración que continúen más allá de una gestión municipal o gubernamental.
Argentina ofrece otro ejemplo. En la cuenca Matanza-Riachuelo, ACUMAR desarrolla un proceso de saneamiento que incluye control industrial, tratamiento de aguas residuales, limpieza de márgenes, monitoreo ambiental y acciones destinadas a recuperar la biodiversidad.
El río que Lima no debería perder
El Rímac no es solamente agua que atraviesa Lima.
Es parte de la historia de la ciudad, abastece a millones de personas y forma parte de una cuenca que conecta ecosistemas de la sierra con la costa.
Por eso, contemplar sus aguas oscuras y su cauce degradado debería generar algo más que indignación momentánea.
Debería generar una política permanente de recuperación.
El Támesis demuestra que un río puede volver a tener vida. El Mapocho demuestra que una gran ciudad puede eliminar las descargas de aguas servidas y recuperar su ecosistema. El Matanza-Riachuelo demuestra que la recuperación requiere instituciones, fiscalización, infraestructura y participación ciudadana.
Ahora corresponde preguntarnos qué futuro queremos para el Rímac.
Porque quizá algún día las fotografías de este río negro no sean la imagen cotidiana de Lima, sino el testimonio de cómo una ciudad decidió recuperar uno de sus principales símbolos naturales.
Alfredo Rosell G.
Periodista – Diario La Democracia
“Informando al Perú y al mundo.”



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