“Esta es su paz”: el testimonio de los sobrevivientes del bombardeo ruso sobre Kiev
Kiev, Ucrania.
El cristal cruje bajo los pies de Bohdan Chernukha mientras observa el esqueleto calcinado de lo que, hasta hace unas horas, fue el hogar de cientos de familias. El aire en Kiev todavía huele a pólvora y polvo tras una de las noches más largas desde el inicio de la guerra. Rusia lanzó más de 400 drones y 28 misiles, que impactaron zonas residenciales y energéticas, dejando al menos seis muertos y decenas de heridos, incluidos niños.

“Tenemos un edificio destruido. Este es su mundo… esta es su paz”, susurra Bohdan, con la mirada fija en los restos de su vivienda. A su alrededor, los trabajadores comunales barren los fragmentos de una vida interrumpida.

Entre los sobrevivientes se encuentra Nadiia Zinchuk, empleada de una tienda, que resultó herida por el estallido. “Sentí un dolor agudo en la cara. Era vidrio… creí que eran lágrimas, pero era sangre”, recuerda mientras sostiene su teléfono, aún incrédula ante lo sucedido. El ataque, ocurrido poco después de las 7:20 de la mañana, destruyó por completo el edificio donde vivía.

A los pies del inmueble, equipos de rescate, bomberos y militares trabajan sin descanso entre autos destrozados y balcones ennegrecidos. Cada rincón muestra las huellas de la violencia: puertas reventadas, ventanas sin cristales y fachadas derrumbadas. “Después del ataque, recorrimos el barrio y había muchísimos edificios con las ventanas reventadas. Daba miedo”, cuenta Olena Tkachenko, vecina de 47 años.

La Fuerza Aérea de Ucrania informó que sus defensas lograron interceptar 333 drones y seis misiles balísticos, aunque otros 55 drones y 12 misiles lograron impactar en diferentes regiones del país. Solo en Kiev se reportaron 25 heridos, entre ellos cinco niños, además de cuantiosos daños materiales.

Mientras los investigadores analizan restos de drones en los balcones destruidos, los vecinos se enfrentan a una nueva jornada de reconstrucción y desesperanza. “¿De qué acuerdo de paz se puede hablar cuando la gente muere así? Aquí vivían estudiantes, no había soldados”, dice Nadiia, señalando el portal reducido a ruinas.

Entre el silencio y el eco de las sirenas, la ciudad intenta recomponerse. “Si Europa nos escucha y nos ayuda, quizá logremos algún tipo de acuerdo de paz”, expresa Olena, aunque sus palabras suenan más a ruego que a convicción.
Las explosiones cesaron, pero la devastación permanece. En cada cristal roto, en cada pared resquebrajada, Kiev refleja la fragilidad de una paz que solo existe en los discursos diplomáticos.
Bohdan Chernukha lo resume con una frase que se repite entre los escombros y la resignación:
“Esta es su paz.”



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